Me llevo mal con mi jefe: ¿qué hago?

Me llevo mal con mi jefe: ¿qué hago?

 “La gente no renuncia a las empresas, renuncia a los jefes”. Esta frase suena hace tiempo y creo completamente en ella. Las empresas podrán darte el mejor desarrollo de carrera, muchas formaciones y el mejor sueldo pero lamentablemente el clima que genera el jefe puede tirar todos estos esfuerzos por la borda. ¿Por qué? Porque los jefes de una manera u otra manejan la palanca emocional de sus empleados. Te ayudan a sentirte más seguro, autónomo, te generan confianza en vos mismo y en aquellos con los que trabajás, y esto se traduce en tu mejor desempeño .O por el contrario te ayudan a sentir que no sos la persona adecuada, que no tenés ciertas habilidades, que “no podés”, y cuando se toca la autoestima de alguien no hay beneficio, ni salario que pueda pagarlo.

Si sentís que la relación con tu jefe se empieza a poner tensa y, por ejemplo, percibís que nada de lo que hacés para él está bien, te empieza a costar ir a trabajar y te querés ir lo antes posible y cada vez que hablas con tu jefe aparece “tu voz interna” que te va comentando en paralelo lo que verdaderamente estás pensando de la situación, ¡es momento de buscar una solución ya!

¿Cómo empezar? ¿Qué hacer?

Lo primero que falla en estas situaciones es la “comunicación”, que día a día se torna más pesada y te aleja de tu jefe.

Cuando hablo de alimentar un monstruo me refiero a la columna izquierda que vamos trabajando cada vez que ocurren estos episodios. La columna izquierda es todo aquello que pensamos pero no decimos. Pienso todo el día que mi jefe me trata mal pero no se lo digo. Pero entonces, ¿así hay posibilidad de que esto cambie? No lo creo.

Por ello te propongo que trabajemos tu columna izquierda. El método fue desarrollado por Chris Argyris y Donald Schön, y permite tomar conciencia de los supuestos básicos que rigen la conversación y contribuyen a crear obstáculos en situaciones cotidianas; y desarrollar un modo de hablar con más claridad sobre dichos supuestos.

¿Estás listo? Agarra una hoja en blanco y divide la misma en dos columnas. Escribe un diálogo (conflictivo es mejor) del lado derecho. Luego anota lo que verdaderamente piensas pero no dijiste del lado izquierdo. Por último analiza la columna izquierda pensando los “¿por qué?” de su existencia, ¿qué te llevó a pensar esto?, ¿por qué no podés decirlo?, ¿por qué no quisiste decirlo?. La idea del ejercicio es que puedas comenzar a purificar esa columna, que busques la forma adecuada de conversar las cosas que te pasan, claramente de una manera respetuosa, sin acusaciones pero comentando lo que “te pasa”, lo que “te generan” ciertas cosas. Pueden ocurrir varias resultados: uno es que te des cuenta que tal vez estabas equivocado con tus supuestos, otro es que le des la oportunidad al otro que cambie y modifiquen la relación, o finalmente puede que no pase nad, pero “lo intentaste” y creo que eso es lo más valioso. Hay que intentar cambiar eso que no te gusta y te hace mal. Ser protagonista de tu historia es crearla, no criticarla.

Por último, todos tenemos columna izquierda. No existen personas que no la tengan. No está ni bien ni mal que esté, solo debemos aceptarla y conocerla porque hace que tomemos ciertas decisiones y nos comportemos de determinada manera. Si lográs “procesarla”, te sugiero que intentes externalizarla y así lo complejo se volverá un poco más sencillo.

Tu jefe podrá cambiar o seguir así por siempre, pero vos tenés que intentar modificar eso que criticás. Como dijo Jim Rohn “Para que las cosas cambien tú tienes que cambiar, y para que las cosas mejoren tú tienes que mejorar”.

No esperes más y animate.

Sofía Carrasco
Lic. Relaciones del trabajo
Especialista de Recursos Humanos para ZonaJobs